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¿Jugamos a la búsqueda del tesoro? {Libre}‏

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¿Jugamos a la búsqueda del tesoro? {Libre}‏

Mensaje por Robin E. Soldier el Jue Feb 28, 2013 11:12 am

Afuera la lluvia no dejaba de caer. Las gotas llevaban golpeando las ventanas y el techo de la academia desde el comienzo del día. No me sorprendía en absoluto, Londres había sido una ciudad lluviosa desde los comienzos de la era. ¿Molestarme? mucho menos. Nunca había sido gran fanática del mal clima, cierto, pero con los años ya me había hecho la costumbre de imaginarme una hermosa tarde bajo el sol, y terminar encerrada dentro todo el día. Si tan constantes eran esas desilusiones, debía adaptarme al espantoso clima y aprender a divertirme dentro del ambiente en el que me veía obligada a permanecer. Ya fuera ver una película, escribir, leer, cantar, cocinar, o tan solo vagar por los pasillos, siempre me las ideaba para encontrar algo nuevo que hacer. ¿Y que hay de hacer lo mismo que el día anterior? a no, esa nunca era una opción para mi. Robin Soldier jamas se volcaría a la rutina como muchos a su alrededor hacían. Incluso aunque hubiera sido divertido, o no le hubiera dado un final, yo jamás haría algo por segunda vez. Puede que muchas "actividades" se parecieran, pero nunca dejaba que fueran exactamente iguales.

Un libro de unas doscientas páginas de grosor era sostenido firmemente por mis manos. Sentada en el suelo, con la espalda contra una de las estanterías, tenía los ojos fijos en las amarillentas páginas que contaban una historia llamada "Titanium". No tenía en absoluto relación con el titanio, pero me daba igual, no era el titulo lo que había llamado mi atención. La tapa era de un color azul marino, hecha de una tela áspera y gastada. No había nada escrito en ella. Ni titulo, ni escritor, ni editorial. Nada que la reconociera más que como una agenda perdida, una libreta en blanco, tal vez. Pero al abrirla, descubrí una historia maravillosa que se ocultaba detrás de ese aspecto tan poco interesante.

Sin que nada a mi alrededor pudiera causar tal movimiento de mi parte, levante la cabeza y mire al frente, quedando mis ojos perdidos en la estantería que tenía frente a mi.

¿Cuantos libros más habría de ese "estilo"? me preguntaba al tiempo que cerraba el libro que tenia en manos. ¿Era ese el único que lograría llamar mi atención de esa manera? la biblioteca era enorme y tenia miles de libros. A pesar del tiempo que llevaba en la academia, nunca los había visto todos. Como ya había dicho anteriormente, yo nunca hacía dos veces lo mismo, y "búsqueda de libros" era una actividad que ya había sido realizada. Pero tenia la posibilidad de darle un cambio al juego, y así poder jugarlo nuevamente.

Entonces... ¿qué podría cambiar mi situación, y volver más interesante el día de hoy?




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Re: ¿Jugamos a la búsqueda del tesoro? {Libre}‏

Mensaje por Harry A. Shepard el Vie Mar 08, 2013 7:13 am

Encerrado entre cuatro paredes, Harry era como un león prisionero, deambulando anhelante de un poco de libertad. Pero eso no será posible. Las responsabilidades de la academia que se había convertido en su prisión eran demasiado importantes como para poner fin a su cautiverio. Y si había algo que el muchacho odiara más que la falta de libertad, eso eran las responsabilidades. ¿Cuándo en todos los años de su vida se había responsabilizado de algo? Jamás, y él pensaba que nunca tendría que hacerlo. Simplemente, no quería llevar sobre sus hombros el gran peso que las responsabilidades representaban. Estaban en los cuerpos de todas las personas del universo, hundiéndolos poco a poco en el fango, y cuanto más pesaran esas responsabilidades, mas se hundían esas personas, presa del estrés, del pánico, del agobio. Nadie en su sano juicio querría tener esas sensaciones para sí, o al menos, esa era la mentalidad del rubio, quien en toda su vida se había esforzado lo suficiente como para tener que llevar las menores cargas posibles sobre sus hombros. Por ese motivo, ahora que se le presentaban algunas cargas necesarias, no estaba acostumbrado a ellas. Tantos años eludiéndolas para que llegara un simple profesor y les encargara a toda la clase un trabajo para la próxima semana. Y así, sin comerlo ni beberlo, ¡puf! Responsabilidad al canto. Todo genial, por supuesto.

Harry sabía perfectamente que esa vez debía ceder. Nunca había llevado muy bien eso de recibir órdenes de los demás. Acostumbrado a hacer lo que le daba la gana sin que nadie le dijera ni pío, el cambio no le sentaba nada bien. Pero no podía hacer otra cosa que apretar fuertemente los dientes y murmurar un “sí, señor” ante aquello. Aunque solamente fuera un triste trabajo para clase, la autoridad que manaba del profesor hacía que, automáticamente, el joven lo rechazara a él y a cuanto saliera de su boca, motivo por el cual era reacio a realizar ese trabajo. Prefería un millón de veces que le hicieran un examen, donde simplemente tenía que responder unas cuantas preguntas para sacar unas notas tan altas que no se correspondían con su actitud despreocupada y con la cara de idiota que se esforzaba por poner siempre en la clase. Era inteligente, si, pero no tenía paciencia. Podía aprenderse cuatro datos tontos sobre el pasado con la facilidad con la que algunos se aprenden la vida privada de su famoso favorito, pero hacer un trabajo era una cosa completamente distinta. Porque eso requería una tarea de investigación, una dedicación que a Harry no le hacía la más mínima ilusión. Pero era una causa de fuerza mayor: si no hacía el trabajo, su nota en esa asignatura se vería resentida. Y el muchacho necesitaba estar en esa academia como fuera. Era el único lugar (que el supiera) que aceptaba a gente tan especial entre sus muros. No podía darse el lujo de perder una oportunidad como esa.

De esa manera, el sureño no tuvo más remedio que ir a la biblioteca aquel lluvioso día. Mirando por las ventanas las gotas caer extrañaba mucho más el exterior y odiaba más su encierro. No le importaba nada que estuviera lloviendo, pues eso nunca era un impedimento cuando se trataba de salir fuera. ¡Ni que la lluvia fuera mala para la salud! Solamente era agua. El chico respiró profundamente unos instantes. La tentación de mandarlo todo al carajo era demasiado grande: podía salir ahora mismo, incluso saltar por aquella ventana. Sí, eso sería divertido. ¿Cuánta distancia habría hasta el suelo? ¡Y qué más daba! Ignorar ese hecho solo lo haría más emocionante todavía. Si, ya podía notar aquel subidón que le producía el peligro, cuando su corazón se aceleraba hasta límites insospechados y sus pulmones le exigían más cantidad de aire si no quería morir ahogado. Harry hubiera dado cualquier cosa por poder hacer aquello, pero su impulsivo carácter quedó sepultado bajo una verdad aplastante: debía reprimirse, al menos, de momento. Hasta que aquello que debía hacer estuviera terminado. Al fin y al cabo, era un estudiante normal. Tenía que estudiar, hacer trabajos y ese tipo de cosas. Se prometió a si mismo que después saltaría desde la azotea de la escuela, si hacía falta. Ese pensamiento lo animó un poco.

Entró en la biblioteca como un elefante en una cacharrería, abriendo y cerrando de un portazo, con sus deportivas pisando fuerte y arrancando sonidos del suelo demasiado altos como para ser oídos en un sitio como aquel. Fue recibido como un coro de “shh” que le hicieron recordar la razón por la que no pisaba muy a menudo la biblioteca: por el silencio. ¡Ay, el espantoso silencio! Como lo odiaba Harry. No soportaba tener que estar callado ni un segundo, y por si fuera poco, encima de exigían que lo estuviera. ¿Cómo era eso posible? Harry recordó, como si se tratara de una vida ajena, el breve tiempo que pasó en su instituto, como se subía a las mesas y vociferaba cosas obscenas solamente porque se lo habían prohibido. Se preguntó si le echarían de allí también si emulaba sus años de estudiante de instituto. No podía correr el riesgo, pero se quedó con las ganas de hacerlo. Tal vez en su último año probaría suerte.

Pero, muy a su pesar, el trabajo le llamaba. El chico debía de hacer un trabajo sobre la primera guerra mundial… ¿o era sobre la segunda? Tampoco estaba demasiado seguro, ya que no estaba prestando demasiada atención al profesor. Y tampoco se iba a esforzar tanto como para hacer un trabajo sobre ambas. Una sola investigación era más que suficiente. Finalmente, se decidió por la segunda. Era la más conocida, la de Hitler, sobre la que todo el mundo conocía detalles. Sin embargo, la primera había pasado más desapercibida. Todo el mundo, hasta el más inculto, sabía quién era Hitler. Sin embargo, la gente mundana dudaba en cuanto a los partícipes que había tenido la primera. El rubio pensó que sería mucho más fácil la segunda, y él siempre se inclinaba por las cosas que era fáciles de realizar.

Paseó por entre los estantes, esperando que un libro se le cayera en la cabeza o le dijera “¡sí, yo soy el que buscas!”, pero, extrañamente, eso no ocurrió. Habría estado bien para el chico, quien no tenía muchas ganas de ponerse a buscar, pero desgraciadamente para él, los libros mágicos no se habían inventado todavía. Fue pasando por estanterías y estanterías, con sus manos metidas en los vaqueros, con aspecto de chico aburrido que piensa que-hago-aquí, hasta que una silueta en particular le llamó la atención. Ella estaba con la espalda apoyada en la estantería, aparentemente muy concentrada en algo que solo ella podía ver. Harry reconoció el aspecto de la muchacha de ojos claros: la había visto por allí un par de veces, aunque nunca había intimado demasiado con ella como para considerarla algo más que una simple alma que deambula por allí. También sabía su nombre, aunque en ese momento no caía. Pensar en varias cosas a la vez no era lo suyo. El nombre le evocaba algo heróico. ¿Batman? Por ahí iban los tiros, supuso.

-¿Algo interesante? – le preguntó, en tono aburrido y en un tono de voz demasiado alto para el sitio en el que estaban. Nadie le iba a decir que tono de voz debía usar. No es que le interesara demasiado lo que ella estuviera leyendo, ese libro que sostenía en las manos no tenía nada de especial a simple vista. Pero cualquier cosa era mejor que hacer algo que le habían mandado. Si hablando con la muchacha podía librarse de un tedioso trabajo, bien que lo haría. Ya lo creo que sí.
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